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miércoles, 17 de mayo de 2017

De los libros matriculares de la sociedad italiana

Los primeros que trabajaron en el Ferrocarril BBNO: Antonio Battistoni, nacido en Pelotas, Brasil probablemente entre 1876 7 1877, ingresa como telegrafista en el BBNO en 1891, se asocia en 1895, y llega a ser el segundo de William Harding Green, se retira en 1932. Dos de sus hermanos fueron maquinistas.   Dos hermanos, Daniele y Antonio Michelazzi, friulanos, de provincia de Udine, Roveredo in Piano, llegan a la argentina en 1893 con 26 y 15 años respectivamente; se asocian a la  sociedad italiana en 1895, figuran como jornaleros del BBNO. Mario Bertolini, Trentino, socio en 1891, figura como empleado del BBNO (aunque no se especifica su puesto)

Como empleados en el FCS aparecen Mariano Gaggiotti, de Ancona (Marche) entre 1885 y 1900 (luego sigue en otros puestos)


martes, 16 de mayo de 2017

Año 1895

Encontramos a Luigi Conte, proveniente de la isla de Ponza y a Marino Rocco (calabres, de Scilla), y a tres jovenes de apellido Amadeo, Antonio, Catiello y Pasquale que viven en Estomba 181. Conte es "calafato" es decir se dedica a calafatear embarcaciones de madera, los demas, figuran como marineros. Tambien dos hermanos de apellido Lamalfa, provenienets de Scilla son marineros.

lunes, 15 de mayo de 2017

En 1895 Pietro Deldini (el apellido no esta escrito con tanta claridad) aparece registrado como "legatore di libri" (MATRICULA SXX-1099).

sábado, 13 de mayo de 2017

De los Libros matriculares de la Sociedad italiana XX septiembre, año 1895

Hoy ingrese 42 personas a la base de datos.

Me encontré con Ferruccio Tiraferri, en la confiteria de la Estación, y con Luigi Stella, capataz del Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste.

En cuanto a la proveniencia regional, de la Lombardía 9, Piemonte 2, Trentino 1, Veneto 1, Emilia 2, Marche 1, Campania 3, Abruzzo 7, Basilicata 7 y Calabria 7.

No en todos los casos figura la dirección, pero las que aparecen son todas alrededor de la plaza Rivadavia: Estomba al 100, San Martín primera y segunda cuadra, Soler desde el 100 al 400, Sarmiento al 100, la primera cuadra de Rodriguez. Por eso no es tan extraño encontrar a uno registrado como "contadino" que vive en Rodriguez, entre Alvarado y Zapiola.


domingo, 16 de marzo de 2014

Soldados bajo bandera austríaca durante la primera guerra mundial: ¿cómo contar esa historia?

(Entrada publicada en el blog: Trentinos en Bahia Blanca. Estos conceptos valen también para inmigrantes de origen friulano.)

Uno de los capítulos más complejos de la historia de los trentinos es sin duda el de la Primera Guerra Mundial. Dado que el actual territorio del Trentino formaba parte del imperio austríaco al momento de declararse la guerra, en 1914, los jóvenes de la región fueron reclutados e incorporados a las filas imperiales para luchar contra el Imperio Ruso, en la zona de Galizia, y contra el reino de Italia, después de 1915. Sin embargo, miles de esos soldados de lengua italiana, al llegar a la línea de fuego fueron tomados prisioneros o desertaron; y ya en territorio ruso, gracias a la acción de una misión militar enviada por el gobierno italiano, parte de ellos adquirieron la nacionalidad italiana, e incluso algunos pasaron a formar parte del ejército italiano en el extremo oriente.

En los relatos más remanidos acerca de la primera guerra, en las canciones de los coros italianos, y en las versiones retrospectivas de la historia familiar repetidas por nietos y bisnietos argentinos interesados en obtener la ciudadanía italiana, parecería que la historia de estos soldados trentinos no encaja.

Si esos miles de campesinos y pequeños burgueses enviados de un día para otro al frente de batalla se sentían austríacos o italianos, si esas deserciones fueron masivas o no; si la adopción de la nacionalidad italiana en el campo de concentración en Rusia fue algo realmente sentido o un expediente desesperado para poder volver a casa de algún modo; y si la versión posterior de la historia de esta guerra fue o no amañada por el fascismo, son temas que parecen estar en el tapete en estos días en el Trentino. Lógicamente, el planteo actual de estas cuestiones resulta de las circunstancias políticas precisas de quienes viven allá. Para nosotros, acá en la Argentina, ni la autonomía, ni la "nostalgia austricante", ni las intervenciones en la toponimia o en la erección de monumentos, memoriales, cementerios y museos por parte del régimen fascista forman parte de nuestros problemas ni de nuestro imaginario, pero por la forma en que se cuenta acá la historia de la inmigración (y por otros motivos), podríamos enfrentar el serio riesgo de contar estas historias en base a criterios, valoraciones y juicios "nacionalistas", "militaristas", e incluso, racistas (marcados por una cierta retórica fascista -tanto italiana como vernácula- que con el tiempo llegó a convertirse en sentido común).
 
Afortunadamente, que el tema no sea tan candente para nosotros, nos da la posibilidad de comprender mejor en qué contexto se dieron esos hechos, y de acercarnos a puntos de vista que ponen en primer plano la radical transformación de las subjetividades y de las relaciones interpersonales a causa del carácter extrermo e inusitado de las experiencias vividas, del dolor y fundamentalmente de la degradación de la dignidad de los seres humanos a los que llevó la guerra, cualquiera haya sido la bandera, nacionalidad  o posición de quienes la padecieron. Y finalmente constituye un estímulo para pensar en las vivencias de la primera guerra de algunos inmigrantes trentinos radicados en Bahía Banca: a la experiencia de la guerra ellos suman la de la emigración que (salvando las distancias) es también una experiencia traumática de pérdida, tanto de la propia lengua como de las costumbres, lazos familiares, paisajes y tradiciones. Casi no podiemos saber cómo reelaboraron ellos la historia de su participacion en la guerra porque ya no queda ninguno vivo (y mucho menos podemos nosotros emitir algún tipo de juicio respecto de sus decisiones o posiciones personales); solo de un modo indirecto, a través de los documentos y fotografías que ellos mismos decidieron conservar (o no), podemos entrever algunos pocos datos; y de un modo más oblicuo aún -pero no por eso menos fascinante- podemos tratar de comprender tantas actitudes, reacciones y formas de afrontar la vida en estas tierras con las que se manejaron hasta su muerte.

Desde esa distancia, y a conciencia de la dificultad que impone el tema y del caracter absolutamente fragmentario de estas historias, es que nos disponemos a echar un vistazo a esta página del pasado de nuestros inmigrantes.

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viernes, 3 de enero de 2014

Unde venis?

Mirando los datos de los libros de registro de personal tanto del ferrocarril Sud como del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico encuentro los nombres de muchísimos trabajadores provenientes de lo que hasta 1918 era el imperio austríaco (provenientes en particular de la zona de Croacia).
Generalmente los estudios sobre inmigración toman como punto de partida identidades "nacionales": por caso, inmigración croata; o se incluyen en la así llamada "inmigración italiana" a los inmigrantes de lengua italiana provenientes de regiones que entre fines de siglo XIX y primera década del XX pertenecían al imperio austríaco, como el Trentino o el Friuli oriental.
Sin embargo, desde un punto estrictamente histórico (es decir, dejando de lado la búsqueda de identificación retrospectiva), tal vez sería muy interesante rastrear esa inmigración proveniente del "imperio austríaco" (queda claro, no eran inmigrantes austríacos de Viena, digamos, ni hablaban aleman como lengua madre): inmigrantes provenientes de lo que en aquellos tiempos se llamaba sud Tirol (Levico, Terlago, Condino), de Trieste o de Fiume; o de las zonas de  Croacia, Montenegro, Istria Castelmuschio, Bocche di Cataro.  Una cosa sería rastrear la cuestión étnica (inmigraciòn "italiana", inmigración "croata" rastreando apellidos italianos o croatas), y otra la cuestión política (por qué emigran subditos del imperio austríaco, provenientes específicamente de esas regiones).

lunes, 21 de octubre de 2013

Ma, come siamo arrivati qui? Inmigrantes de la segunda posguerra en Bahía Blanca (1947-1947)




El próximo viernes 1º de noviembre a las 20 hs., Ferrowhite (museo taller)
y el Hospital Italiano Regional del Sur presentan en el auditorio de la
Asociación Dante Alighieri (Rondeau 23), la charla "*Ma, come siamo
arrivati qui? Inmigrantes italianos de la segunda posguerra en Bahía Blanca
(1947-1957)*", a cargo de la Licenciada en Historia Ana Miravalles, con la
participación del dúo musical "Los Nonos de Atilio".

A menudo se alude el movimiento migratorio que colaboró a dar forma a la
Argentina moderna con metáforas marinas. Hablamos de "corrientes
inmigratorias". Y de una primera, de una segunda, de una tercera "oleada
inmigratoria". Como si el océano hubiese transfigurado al contingente
humano que se lanzó a atravesarlo, disolviendo las identidades en una masa
homogénea, en un auténtico "mar de gente".

Por el contrario, cuando se pregunta a tal o cual inmigrante por la
inmigración, ese proceso vasto e informe suele estrechar su horizonte al
círculo íntimo de amigos y parientes, en el que las peripecias de la
partida, del viaje y de la llegada son narradas como acontecimientos
únicos, tanto por su singularidad como, en contrapartida, por su carácter
ejemplar, es decir, como si no hubiera otros que pasaron por circunstancias
similares o como si la propia experiencia bastase para dar cuenta de la de
todo el resto.

En "Ma, come siamo arrivati qui?" Ana Miravalles se concentra en la
inmigración italiana arribada a Bahía Blanca durante la segunda posguerra,
para proponer una mirada sobre este fenómeno hecha de itinerarios que van,
casi nunca de manera lineal, de las vivencias particulares a las
condiciones de época que enmarcan cada experiencia, y viceversa.

¿A todos los italianos que llegaron después de 1950 "los trajo Perón"?
¿Eran todos mano de obra especializada, "ingenieri"? ¿Aquellos "gringos"
estaban, como se suele escuchar, "muertos de hambre"? Echar una mirada a la
sociedad bahiense de aquellos años tal vez sea útil para comprender que,
lejos del simple "trasvase", el proceso inmigratorio careció de inmigrantes
típicos. En su lugar prolifera, llena de contradicciones y matices, la
compleja historia que nos trajo hasta acá.

sábado, 1 de junio de 2013

Bacanica



En su oficina en Puerto Galván, un secretario del Ferrrocarril Buenos Aires al Pacífico escribe los datos de un peón de cabrestante que acaba de ingresar y anota: Septimo Pasqua, nacido en 1872, Bacanica, Italia.

¿Qué lugar es ese? Nosotros sabemos ahora que se trata de Pagánica, ciudad del Abruzzo.

¿Por qué el amanuense escribió así ese nombre? Probablemente porque escribió lo que escuchó, en castellano. Porque no podía (o no quería, sentía que no tenía por qué hacerlo) reconocer el modo en que la "g" se pronuncia en italiano o en sus variantes dialectales: la fuerza con la que el señor Pasqua cerró el velo de su paladar al pronunciar (en italiano) la "g", convenció al secretario que se trataba de una "c"; y algo similar sucedió con la "P" inicial, una bilabial tan débil a sus oídos que solo podía ser reconocida como una "B".

Había miles de trabajadores italianos en el ferrocarril y en el puerto. Y sin embargo, ¿Por qué esa persona que ejercía un poder, el de escribir, el de registrar, no podía, no quería o sentía que no tenía por qué saber italiano ?

Es que el amanuense ha ido a la escuela, naturalmente a la escuela argentina, y por lo tanto escribe "correctamente", con una bella caligrafía, en castellano -el "idioma nacional"-, no importa cuál haya sido su propio origen o el de su familia. Durante esas primeras décadas del siglo XX la escuela argentina imponía -gracias a una política articulada con gran precisión, la de la José María Ramos Mejía y su "educación patriótica" - no solamente el conocimiento de la gramática y la sintaxis, del vocabulario y la expresión, sino también la normalización de la pronunciación, y por consiguiente, la valoración de un cierto modo de hablar en detrimento de otros: en detrimento, justamente de las marcas que las lenguas de los inmigrantes podían llegar a dejar en la lengua local: del español castizo, de cualquiera de las variedades dialectales italianas, y cualquier otra, en realidad.

Los nombres -y en buena medida, también los apellidos- se castellanizan: Giovanni, Giulio, Giuseppe, Settimo, se transforman en Juan, Julio, José y Séptimo. No solamente tendrán que hacer el esfuerzo de aprender su nuevo nombre, sino además el de aprender a pronunciar una letra que no forma parte del sistema fonológico de la propia lengua, la "jota". Pero "hacerse la América", "progresar" en este lugar, por aquellos años, sólo era posible de ese modo: a quien hablaba y escribía bien el castellano se le abrían las puertas para acceder a puestos de trabajo mucho mejor remunerados, y así, las de una sociedad que había hecho propio ese sutil criterio de discriminación. Por eso nadie se cuestionó hacer lo que sea para aprender el castellano lo más rápido posible, para borrar la entonación y los rasgos "marcados" en la articulación de las palabras.

Otro es el caso del inglés y el francés que eran valorados no como lenguas inmigratorias, sino como lenguas de cultura y de prestigio.

Y quiénes eran esos que tenían el poder de abrir las puertas de los mejores puestos de trabajo, las del ascenso social? ¿Con quién se encontraban los inmigrantes al llegar? Los criollos, dicen algunos. Sí, por supuesto. Pero, ¿de dónde salieron esos criollos? ¿Eran "nativos"? Había un porcentaje de población indígena en la ciudad pero con toda seguridad podemos afirmar que no eran ellos justamente quienes tenían ese poder. La mayor parte de esos "criollos", eran hijos de inmigrantes (ya sea de otras ciudades del país, o de extranjeros) ya escolarizados, ya asimilados, y por lo tanto, "argentinos".

El esfuerzo del Estado estaba enfocado en esto: en 1916 hay en Bahía Blanca 66 escuelas (públicas y privadas) dependientes del Consejo Escolar Provincial, con una matrícula de 10.955 alumnos y 273 maestros. En 1927, había 68 escuelas, 468 maestros y 13.169 alumnos que recibían educación primaria. Las maestras enseñaban y corregían, y felicitaban calurosamente a los niños que más y mejor aprendían, desaprobaban los "errores" producidos por la interferencia lingüística (tragarse las "s" finales o un grupo consonántico como "ct", decir "me se" en lugar de "se me cayó", o "voy del dotor" en vez de "voy a lo del doctor", ponerle artículo a los nombres propios...), actitud de reprobación y de subestimación incluso, que muchas veces era adoptada también por los otros niños... La presión por salir de esa situación de inferioridad propia del inmigrado (y especialmente de quienes conocían solo el propio dialecto) induce el deseo de aprender también en los adultos, y por eso muchos inmigrantes leen en castellano (pienso en la cantidad de diarios y periódicos que se publicaban y se vendían en Bahía Blanca a hasta mediados de siglo; pienso en una mujer como Rosa Segatta que lee lo que le caiga a la mano, a fines de los años 20; y en Julio Grosselli que mientras hace guardias en la usina eléctrica, a fines de los años 40 devora novelas de Corín Tellado).

Recién en estos últimos 25 años se inició el proceso inverso de valoración y estimación del estudio del italiano, lengua que la mayor parte de los descendientes de italianos  ha estudiado como una lengua extranjera (salvo -en algunos casos y con varias salvedades- los hijos de los que llegaron en los años 50). (1)

Del shock que tiene que haber provocado en los inmigrantes esta presión y este esfuerzo por aprender otro idioma, y asimilarse, es algo de lo que no se suele hablar, todavía.

Yo siento la necesidad -imperiosa- de conocer este proceso de configuración de la identidad de los inmigrantes italianos en este lugar del mundo, y la de sus hijos y nietos, para poder sobrevivir a la avalancha de eslogans basados en clishes quasi-publicitarios, y de fantásticas-fantasiosas versiones retrospectivas del pasado, que demuestran una determinada voluntad por inventar y consolidar una identidad y un sentido de pertenencia fuertes, pero, paradójicamente, a partir del desconocimiento de la historia. Proyectar hacia los argentinos descendientes de italianos un concepto general y abstracto de "italiani all'estero", sin tener en cuenta estas experiencias concretas, puede llegar a generar equívocos, desencuentros y perplejidades entre quienes desean -sin duda con las mejores intenciones-, actuar e influir en la realidad presente.

Indispensable para reflexionar sobre todo esto es el libro de Angela Di Tullio, Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino, Eudeba, Bs As., 2011. (Hay muchos más, y seguiremos buscando; además, acá en Bahía en la universidad hay varias personas que estudian estos temas...  si alguien tiene otros títulos para recomendar, o trabajos propios para que podamos leer, bienvenidos).


(1) Puedo decir esto con conocimiento porque me desempeño, desde el año 1986, como profesora de italiano.


lunes, 8 de abril de 2013

¿Se puede usar la palabra "colectividad" para hablar de la inmigración italiana en Bahía Blanca?



Leo en un reciente trabajo sobre historia de Bahia Blanca  "tensiones entre colectividades y nativos a principios de siglo XX" en Bahía Blanca. Algo me hace ruido. En ese contexto, nativos no son "indígenas", pueblos originarios sino "criollos", los nacidos en la ciudad antes de que lleguen los inmigrantes.
Hay una cuestión, sin embargo que no se puede obviar: tal como  señala Angela Di Tullio, Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino, Eudeba, 2011) el objetivo expreso del Estado argentino a partir de 1880 y en particular después de 1910 fue inhibir el mantenimiento de las lenguas inmigratorias, propiciando desde la mas tierna infancia de los niños inmigrantes y de los hijos de los inmigrantes la asimilación concreta a la cultura receptora: hablar castellano y sentirse argentinos.
Por cuestiones culturales de prestigio y sobre todo de ascenso social fueron muchas veces los propios padres inmigrantes quienes desalentaron en sus hijos el aprendizaje de la lengua extranjera. La lengua de obreros, peones, recién llegados resulta objeto de burla en la escuela no solo para gente de apellido español, sino también  para hijos argentinos de italianos llegados antes y que se pueden jactarse de un rápido aprendizaje de la lengua local (y todo lo que conlleva el idioma) De hecho con el italiano sabemos -por experiencia- que ya en la primera generación de descendientes prácticamente el italiano no se habla y apenas se comprende.
Ahora bien, ¿es legítimo utilizar el término colectividad para hacer referencia a la inmigración italiana? Yo no estoy tan segura, porque al menos en el uso especifico que se da al término en nuestro medio, la palabra colectividad alude a un conjunto a una comunidad que se distingue de otras por su identificación con una determinada lengua, determinadas costumbres, prácticas, y sobre todo un sentido de pertenencia.
Las asociaciones nutrieron sus comisiones directivas con italianos recién llegados a lo largo de los años. Pero indefectiblemente sus hijos se vuelven argentinos, y a fondo. Sin embargo, tengo la impresión de que -mediante un sutil deslizamiento - cuando se habla de los monumentos en realidad al decir "colectividad" a lo que se alude es a esas instituciones, y no a una comunidad compacta con una activa participación en esas organizaciones.
En los últimos veinte años en Bahía Blanca las asociaciones regionales han hecho un notable esfuerzo por reflotar ese sentimiento, la concesión de la doble ciudadanía a los descendientes de italianos y el voto a los descendientes de italianos en el exterior parece haber impulsado una "naturalización" en el uso del termino, como si esa identificación hubiera sido constante a lo largo de todo el siglo XX.

El caso de la colectividad judía es el contraejemplo en el que me baso para pensar esto, claramente estudiada -y partiendo justamente de esta definición de colectividad -  en ese mismo libro:


Si bien las asociaciones étnicas eran de composición
policlasista, éstas han sido identificadas con lo que se
ha denominado “cultura de clase media”. Diversos estudios
empíricos han corroborado que por más populares
que hayan sido sus mecanismos de reclutamiento de dirigentes
y adherentes, raramente integraba los elementos
más marginales de su propio origen, ya sea por el
desinterés o la incapacidad de éstos últimos para solventar
las elementales cuotas sociales, además de los
requisitos estatutarios de demostrar estabilidad laboral
mediante el ejercicio de una ocupación “honesta” (Luigi
y Bernasconi, 1993: 235).